Galería Tomás Andreu
Descargar catálogo «Una Última Mirada» 1999




REVISITAR LA PINTURA
Omar Gatica aparece en la escena artística a fines del decenio del setenta y comienzos del ochenta cuando, conjuntamente con algunos de su generación como Samy Benmayor, Bororo, Matías Pinto D’Aguiar, Ismael Frigerio y Jorge Tacla, expone en el CEDLA (Centro de Enseñanza de la Arquitectura, hoy desaparecido) y luego en la sala de arte del Banco BHC (que hoy tampoco existe). En esta exposición grupal en el BHC bauticé con el nombre de «Promoción del 80» a estos artistas que se iniciaban en el circuito expositivo y que tenían en común el mismo espacio de enseñanza, la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, y un interés compartido: explorar la pintura en un momento de deflación de su práctica, aunque no de agotamiento, como consecuencia de la ofensiva conceptual que se había desarrollado por esos años.
Omar Gatica nos propone en esta exposición de sus obras más recientes, una notoria variación de enfoque. En estricto rigor, hay una revisión pictórica al someter conceptual y prácticamente su campo de trabajo a un nuevo examen, a un reconocimiento y revisión cuidadosos. Esto no surge de manera imprevista, sino que es concecuencia de un proceso en el que se gestan gradualmente nuevas marcas de orientación, especialmente desde comienzos de los años noventa, que se hacen del todo visibles en esta oportunidad.
En efecto, es evidente un apaciguamiento del gesto, una mesurada detención del movimiento del pincel y una pérdida de la agresividad con la que actuaba en el acto de pintar. A mi juicio su pintura fue un combate violento. La tela pintada era la resultante de una constante agresión provocada por una actitud hostil frente a ella, sin condescendencia ni respeto por su tradición e historia, por su permanente estreno en sociedad a través de los espacios legitimadores de su estatus estético y social (a veces más social que estético).
Alguna vez señalé que Omar mantenía un desafío tan personal con la pintura que ésta se iba transformando en una autobiografía ininterrumpida, tanto por el carácter combativo que asumió frente a ella como por las proyecciones sicológicas de su yo en la superficie pintada o mejor manchada. Que duda cabe que hace ya algunos años quizo ser más transgresor que los demás y, si bien hubo una rebeldía inicial atribuible a una etapa pictórica en formación que quiso conquistar a la pintura antes que ésta lo conquistara a él, estaba implícito un yo depresivo. Recojo esta frase de Omar dicha hace bastante tiempo atrás: «Mis pinturas muestran estados alterados de crisis desenfrenada…» Y esta otra: «Jamás podré alejar de mi pintura el palpitar humano; en fin, la inescrupulosa vida».
No me parece gratuito que en 1993 titulara una exposición «La Tela en que Vivimos», lo que equivale a decir la tela en que vivía el pintor como prolongación anímica de su propia existencia; no la tela como blanqueo de una estética desencarnada destinada a omitir las marcas y las huellas de lo precario y frágil que es la vida, sino que la tela como marca y huella de su difícil deambular por el mundo con un acentuado matiz de incertidumbre.
Creo que hoy está en otra etapa de su proceso pictórico. Deja atrás la incertidumbre y asume con mayor seguridad su situación en el mundo. Esta actitud lo lleva a reconciliarse con la pintura, revisitándola desde un comportamiento respetuoso hacia ella y su historicidad.
(Me parece más presente que nunca un alumbramiento desde Kandinsky a Klee) que pongo entre paréntesis para que no se piense en pasiva asimilación o cita de la post modernidad «a la moda». Entiéndase como ardua reflexión y autoaceptación de la pintura para apuntalarla con sólidos andamiajes plásticos, que equilibran el yo empírico con el yo estético, por la vía de la abstracción, que detiene el ímpetu del gesto y la dinámica de la mancha que caracterizaban su anterior coordenada expresionista.
En esta revisita a la pintura hay una temporalidad distinta que fluye calmadamente en el acto de pintar, dándose todo el tiempo que necesita, sin apresuramiento con el fin de configurar las formas en precisos contornos, y en donde las texturas se imponen por el placer matérico y sensual que testimonian un acto también placentero del pintar. Todo esto no significa un reblandecimiento de la pintura puesto que no deja de practicar una pintura dura que se resiste a los clamores de la recepción fácil.
Milan Ivelic Diciembre 1998







Archivo de Exposición Individual
Ficha técnica :
Título: Una Última Mirada
Código: OG-EI-1999
Espacio: Galería Tomás Andreu
Fecha: marzo de 1999
Enlace interno: omargatica.cl/una-ultima-mirada1999
Enlace relacionado: omargatica.cl/la-vida-esta-presente-en-su-tela
Documento PDF: Catálogo: omargatica.cl/pdf/OG-EI-CAT-1999_OMAR_GATICA_Una_Ultima_Mirada.pdf
Prensa: En preparación
